Dior 267 Twinkle, rosa claro
Arantxa Urbieta Paredes

Como cada jueves, Carmen Quintero sale de su piso a las 10 de la mañana y recorre apenas un par de calles hasta llegar al Mercado del Carmen. Se dirige en primer lugar a los puestos de pescado. Es un espectáculo que le encanta. Brillante y vivo. Los vendedores en sus puestos pregonan a voces su mercancía. Peces de gran tamaño, se ofrecen a quien hace una visita: atún, pez espada o bonito. Le gusta prepararlo de mil maneras: al horno, a la plancha, en papillote… y tras dar una vuelta, se decide a comprar salmón. Por el Omega 3. Para el colesterol.  Se siente tentada a coger unas nécoras, pero mejor no… Pasa después por los puestos de verdura y compra calabaza, para hacer una crema.  Por el licopeno.  Para el corazón.

Carmen Quintero es elegante. Una mujer con clase quien, sin pretenderlo, llama la atención. El pelo grisáceo, casi blanco. De peluquería. Los ojos de un color azul intenso, los pinta con un fino lápiz negro y rímmel que intensifican su mirada. Un poco de maquillaje, muy ligero y unos eternos labios Dior 267 Twinkle, rosa claro, enmarcan una sonrisa Julia Roberts, permanente.

De regreso a su piso, frente al portal, un hombre alto, con gabardina y paraguas de cuadros ingleses pijos, sujeta una correa de perro, mientras charla distraídamente por un manos libres. Ese sistema diabólico que permite, a todo el que pasa a tu lado, enterarse de una conversación que ni le va, ni le viene.

—Ignacio, en serio, no creo que éste sea el mejor momento para invertir. Y ya tuve una mala experiencia en la última crisis… No lo veo.  ¿Suscribir ahora un fondo…? No. Prefiero esperar.

A medida que se acerca, Carmen se fija en el perro, haciendo lo que hacen los perros cuando sus dueños los sacan a la calle, y en su dueño, que no hace al perro ningún caso, charla que te charla…

—Perdone, señor. ¿No cree que debería ocuparse de las “cositas” de su mascota?

El hombre del perro, ocupado en la conversación financiera, no hace a Carmen caso ninguno. Continúa hablando con su asesor. Que si garantizado, que si fondos más arriesgados, que si este no es el momento de invertir, que si noharénadayprefieroesperar.

Carmen insiste:

—Perdone, señor… ¡Su perro!

Comienza a llover.

El hombre de gabardina y paraguas de cuadros ingleses pijos, decide abrirlo mientras mira a Carmen con cara de ¿Qué me estás contando?

—Ignacio, te dejo. Ya hablamos en otro momento. ¿Que me decía, señora?

—Su perro, ha hecho sus “cositas“ delante del portal de mi casa. Espero que lo recoja…

El hombre mira a Carmen arqueando las cejas y abriendo los ojos, con cara de incredulidad.

—¿ YO-O-Ó… ?

—Cada mañana es una buena ocasión para empezar de nuevo. Inténtelo, por favor —indicó Carmen, con su sonrisa Julia Roberts.

La misma frase que su madre le repetía cuando era niño. Falleció el año pasado. Sería un poco mayor que Carmen y la echaba de menos. Instintivamente, cubre a Carmen con su paraguas de cuadros ingleses pijos. No ha caído en que llueve, cada vez con más fuerza y que ella se está mojando.

—Sujete el paraguas, señora, por favor. Voy a recoger este desaguisado. ¿Puedo invitarla a un café, para disculparme y luego le subo la compra a su piso?

Carmen sonríe y acepta el café, pensando que sus labios Dior 267 Twinkle, rosa claro, nunca fallan.

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