{"id":1705,"date":"2021-11-07T14:15:18","date_gmt":"2021-11-07T14:15:18","guid":{"rendered":"https:\/\/escueladescritura.com\/?p=1705"},"modified":"2021-11-07T17:03:41","modified_gmt":"2021-11-07T17:03:41","slug":"la-salida-de-bolivia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/2021\/11\/07\/la-salida-de-bolivia\/","title":{"rendered":"La salida de Bolivia<br>Conchi Gallego"},"content":{"rendered":"\n<p>Entramos al taxi calladas, sin nada que decir, despu\u00e9s de tantos d\u00edas de espera y de incertidumbre. Part\u00edamos con pena, como fugitivas en la noche, antes de tiempo, dejando a medias el proyecto y con miedo por si nos imped\u00edan llegar al aeropuerto.<\/p>\n\n\n\n<p>El coche bajaba por las empinadas calles del barrio alto de la ciudad de Sucre sorteando las calles cortadas por enormes camiones, que, con su corpulencia, lo dec\u00edan todo sin decir nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo era silencio, dentro y fuera. Las calles vac\u00edas resultaban extra\u00f1as, apenas reconocibles. Solo los edificios emblem\u00e1ticos luc\u00edan, con una blancura inusual, por \u00faltima vez a nuestros apenados ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el largo trayecto hacia el aeropuerto, el taxista, alternaba calles conocidas con atajos, campo a trav\u00e9s, entre oscuros \u00e1rboles y terreros bacheados, solo visibles a su pericia de buen conocedor de la ciudad, que iba sorteando con soltura y cuidado para volver a salir de nuevo al asfalto.<\/p>\n\n\n\n<p>La suave melod\u00eda que sal\u00eda del aparato de radio, apenas un murmullo, se aliaba con la c\u00e1lida temperatura del interior del veh\u00edculo y creaba una atmosfera fuera de tiempo y de lugar: \u00edntima, casera, de cuarto de estudio en una noche de principios de verano, con una agradable brisa perfumada y tranquila entrando por el balc\u00f3n cuando preparaba los ex\u00e1menes finales en mis tiempos de estudiante: era cuando ten\u00eda toda la vida por vivir, muchos sue\u00f1os por alcanzar y proyectos multicolores para hacerlos realidad en un tiempo no lejano.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie hablaba, y si lo hac\u00edamos era entre susurros, para no despertar a los vigilantes del bloqueo de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Este ambiente entre irreal y de enso\u00f1aci\u00f3n, se alteraba con la bajada autom\u00e1tica de los vidrios de las ventanillas que activaba el ch\u00f3fer y dejaba pasar bocanadas de aire fresco y nos dejaba ver con m\u00e1s nitidez la hermosa ciudad envuelta en luces y sombras por \u00faltima vez. Los cristales volv\u00edan a subir y el conductor hablaba en susurros con sus colegas sobre los nuevos bloqueos que iba encontrando.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La vida me hab\u00eda vivido de forma tan diferente a como la imaginaba cuando era estudiante\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de una hora de vueltas y recortes, llegamos ante una gran reja: el acceso al aeropuerto estaba cerrado. El taxista nos cont\u00f3 una historia inveros\u00edmil y nos invit\u00f3 a bajar del coche porque \u00e9l deb\u00eda recoger a otros pasajeros.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;De repente est\u00e1bamos con las maletas en el suelo, arropadas por un inmenso manto de estrellas y la ciudad dormida m\u00e1s lejos que nunca. &nbsp;Los ojos poco a poco se adaptaron a la oscuridad y pudimos ver una larga fila de taxis parados, con sus ocupantes dormitando en el interior, que esperaban tambi\u00e9n para acceder a la terminal del aeropuerto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entramos al taxi calladas, sin nada que decir, despu\u00e9s de tantos d\u00edas de espera y de incertidumbre. 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