{"id":1974,"date":"2022-07-30T18:33:10","date_gmt":"2022-07-30T18:33:10","guid":{"rendered":"https:\/\/escueladescritura.com\/?p=1974"},"modified":"2022-07-30T18:33:12","modified_gmt":"2022-07-30T18:33:12","slug":"rubencitocarmen-zea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/2022\/07\/30\/rubencitocarmen-zea\/","title":{"rendered":"Rubencito<br>Carmen Zea"},"content":{"rendered":"\n<p>Lo descubri\u00f3 una tarde de viernes en las tiendas ambulantes del Paseo Mar\u00edtimo. \u00a1Era tan tierno! Su carita suave y mofletuda, su naricilla respingona, su sonrisa de beb\u00e9 satisfecho. Y entonces record\u00f3. Era la misma sonrisa de Rub\u00e9n, su primer amor, su amor imposible. Aceptado al principio, con gran satisfacci\u00f3n, por sus padres, fueron estos mismos padres los que la obligaron a romper meses despu\u00e9s, cuando se enteraron de que \u00e9l estaba divorciado y ten\u00eda dos hijos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Con el tiempo vino otro amor y unos hijos, pero Rosa Mar\u00eda nunca olvid\u00f3 a Rub\u00e9n, y en los periodos de locura, de enso\u00f1aci\u00f3n, que segu\u00edan a las continuas crisis de su matrimonio, dibujaba a otros ni\u00f1os, los hijos que habr\u00eda querido tener con \u00e9l, y les pon\u00eda nombre y apellidos (de primero, Frutos como el novio malogrado; y&nbsp; de segundo, de Le\u00f3n como ella). Los ni\u00f1os Frutos de Le\u00f3n, adem\u00e1s de en su imaginaci\u00f3n, exist\u00edan en los papeles, donde ella dibujaba sus caras una y otra vez, escribiendo siempre sus nombres y apellidos al pie del dibujo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aquel viernes, cuando ya sus hijos (los de verdad) se hab\u00edan casado y ella viv\u00eda sola, lo vio. Encontr\u00f3 al reborn. Por fin hall\u00f3 al hijo so\u00f1ado en aquel paseo mar\u00edtimo, y lo compr\u00f3, y se lo llev\u00f3 a casa. All\u00ed lo guardar\u00eda durante los nueve meses de embarazo. Y ahora, con cincuenta y ocho a\u00f1os bien cumplidos, comenz\u00f3 a sentir las n\u00e1useas y c\u00f3mo la barriga le aumentaba por d\u00edas. M\u00e1s tarde vinieron los ardores, que se hac\u00edan m\u00e1s soportables en cuanto se asomaba el armario donde reposaba Rubencito, esperando el d\u00eda de su nacimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Y comenz\u00f3 a preparar la canastilla, los faldones, los jerseys, los zapatitos, las capitas para el ba\u00f1o, los gorros\u2026 En fin, un ajuar precioso. M\u00e1s bonito que ninguno de los preparados hasta ahora, pues&nbsp; su ilusi\u00f3n hoy era mayor que cuando fue madre las otras veces. Y pasaron los nueve meses, y Rosa sali\u00f3 a la calle, y compr\u00f3 un cochecito de beb\u00e9 para Rubencito \u00a1Qu\u00e9 orgullo cuando lo instal\u00f3 en \u00e9l y salieron los dos juntos de paseo! C\u00f3mo disfrutaba mir\u00e1ndolo, sus ojitos cerrados, su carita pl\u00e1cida, la sonrisa de Rub\u00e9n padre. \u00a1El parecido era asombroso! Cada d\u00eda se parec\u00eda m\u00e1s a Rub\u00e9n, a su amor. Y ella, orgullosa, lo sacaba todos los d\u00edas. Por las ma\u00f1anas, al Parque y por las tardes, al Paseo. Ella sola. \u00bfPara qu\u00e9 necesitaba a nadie m\u00e1s, si ya ten\u00eda a su Rubencito?<\/p>\n\n\n\n<p>Disfrutaba mucho con su cuidado, como cuando le balbuceaba desde el cambiador aquellos sonidos tan simp\u00e1ticos, o cuando repet\u00eda las \u00faltimas s\u00edlabas de sus palabras; tambi\u00e9n cuando se re\u00eda porque le hac\u00eda cosquillas en las plantas de los pies e incluso cuando eructaba o emit\u00eda palabras de protesta porque lo llevaba a la cuna. Era adorable.<\/p>\n\n\n\n<p>A menudo Rosa lo envolv\u00eda en su manta favorita y se recostaba con \u00e9l en la cama. Le gustaba&nbsp; dormirse notando el latido del corazoncito del ni\u00f1o sobre su pecho. Pero aquel d\u00eda, de s\u00fabito, se par\u00f3, dej\u00f3 de latir. Fue como si se hundiera la tierra. Ella empez\u00f3 incluso a marearse. Lo movi\u00f3, lo mir\u00f3, lo volvi\u00f3 a mover\u2026 y \u00a1nada! Desesperada llam\u00f3 al taxi y se dirigi\u00f3 al Centro de Salud m\u00e1s pr\u00f3ximo. All\u00ed explic\u00f3 los s\u00edntomas del ni\u00f1o y mientras el doctor le hablaba, Rosa not\u00f3 que se volv\u00eda todo negro.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando despert\u00f3 estaba en una habitaci\u00f3n desconocida, de paredes muy blancas, limpias, desnudas. Enseguida&nbsp; pregunt\u00f3 por Rubencito y tambi\u00e9n \u201c\u00bfqu\u00e9 hago yo aqu\u00ed?\u201d Y entonces record\u00f3 c\u00f3mo las enfermeras, muy amables, la hab\u00edan acompa\u00f1ado a aquel otro hospital, donde \u00a1mira t\u00fa qu\u00e9 suerte! le hab\u00edan dejado una habitaci\u00f3n para ella sola, en la que pod\u00eda esperar tranquila las noticias sobre Rubencito, sobre el estado de su ni\u00f1o. Esperanzada, pensaba que ya nada conseguir\u00eda separarlos, pues ahora que hab\u00eda encontrado a Rubencito, pronto vendr\u00eda tambi\u00e9n el padre, alertado por la enfermedad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo descubri\u00f3 una tarde de viernes en las tiendas ambulantes del Paseo Mar\u00edtimo. \u00a1Era tan tierno! Su carita suave y mofletuda, su naricilla respingona, su sonrisa de beb\u00e9 satisfecho. Y entonces record\u00f3. 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