{"id":1980,"date":"2022-07-30T18:42:13","date_gmt":"2022-07-30T18:42:13","guid":{"rendered":"https:\/\/escueladescritura.com\/?p=1980"},"modified":"2022-07-30T18:42:15","modified_gmt":"2022-07-30T18:42:15","slug":"entre-penas-y-alegriasascen-ferron","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/2022\/07\/30\/entre-penas-y-alegriasascen-ferron\/","title":{"rendered":"Entre penas y alegr\u00edas<br>Ascen Ferr\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>A\u00fan no ha ca\u00eddo del todo la tarde, una tarde calurosa del mes de agosto. Los m\u00e1s rezagados apuran sus bebidas al fondo de los jardines y se despiden de las vistas de la ciudad. El cielo anaranjado se torna morado oscuro. El murmullo general cede a la megafon\u00eda que anuncia que el espect\u00e1culo va a comenzar. Se levanta una suave brisa que acalla el sonido de los abanicos. Silencio. Expectaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;El teatro &nbsp;est\u00e1 a rebosar. Se oye una guitarra que acompa\u00f1a a una voz desgarrada. De repente y como de la nada, aparece ella en el escenario. Un embravecido taconeo retumba y hace que los cipreses inicien una danza, una danza que la envuelve mientras ella, Yelena Mara\u00f1a, se retuerce sobre s\u00ed misma y se convierte en un quejido que baila.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ****<\/p>\n\n\n\n<p>Amando Agon\u00edas vino al mundo una&nbsp; noche que las chumberas estaban heladas. En la entrada de la cueva las mujeres, a instancias de la partera, encendieron una lumbre y en ella calentaron la manta que servir\u00eda para cubrir al reci\u00e9n nacido. Como un gato apaleado lleg\u00f3 Amando a este mundo. Naci\u00f3 tan frio que la manta se convirti\u00f3 en t\u00e9mpano. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El ni\u00f1o crec\u00eda y con \u00e9l crec\u00edan sus llantos. Era un ni\u00f1o enclenque, algo raqu\u00edtico y pajizo. &nbsp;Creci\u00f3 como un ni\u00f1o triste y pusil\u00e1nime al que le asustaba pincharse con las chumberas, trepar por el monte y bajar al rio. Desde que, entre lamentos, ech\u00f3 sus primeros&nbsp; pasos su madre lo llam\u00f3 \u201cAgon\u00edas\u201d nombre que de boca en boca pas\u00f3 y &nbsp;todos lo conoc\u00edan como \u201cEl Agon\u00edas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Deambulaba por las cuevas como alma en pena. A la edad de mocear, desde la lejan\u00eda, atisbaba los corros donde los vecinos del barrio &nbsp;cantaban y &nbsp;bailaban. Amando, segu\u00eda su vida como un gato apaleado. &nbsp;Un d\u00eda el Patriarca sentenci\u00f3: \u201cEsperemos que pase el tiempo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;****<\/p>\n\n\n\n<p>Yelena Smirnova desde ni\u00f1a destac\u00f3 por su belleza, una belleza serena y esbelta.&nbsp; Una belleza ornamentada de tal sensualidad que, ya con pocos a\u00f1os, cautivaba a quien la miraba. Engatusada por seductoras promesas, lleg\u00f3 a Espa\u00f1a con su joven cuerpo mancillado&nbsp; por las manos de su padre con olor a vodka. La alojaron en una casa de un t\u00edpico y tur\u00edstico barrio de la ciudad. Una casa donde el trasiego de hombres borrachos era el pan nuestro de cada hora. El burdel lo regentaba una se\u00f1ora entrada en a\u00f1os y, &nbsp;tambi\u00e9n, en carnes. &nbsp;Le daba, a ella y a las otras compa\u00f1eras, poca comida, algo de ropa interior, drogas y bebida. As\u00ed, Yelena se ganaba la vida. Los d\u00edas pasaban y cada amanecer, impregnada de olor a sudor y vergonzante sexo barato, pensaba: \u201cEsperemos que pase el tiempo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;****<\/p>\n\n\n\n<p>La noche cobija a un teatro apenas iluminado por el brillo de las estrellas. Al fondo, sobre el escenario, Yelena Mara\u00f1a baila por alegr\u00edas. Los r\u00e1pidos&nbsp; movimientos remarcan los m\u00fasculos de su fibroso cuerpo que brillan festivos acompa\u00f1ados del vaiv\u00e9n del raso negro de su falda. La noche se rompe con su taconeo, con la algarab\u00eda de sus brazos, con su cuerpo que se enreda y se desenreda. La noche se rompe con la alegr\u00eda de su mirada que, tambi\u00e9n, danza.<\/p>\n\n\n\n<p>Yelena baila al ritmo de su raza, de la sangre que corre por sus venas al comp\u00e1s de guitarras y una caja; improvisa sentimientos que vuelan. Se le deshace el mo\u00f1o y de su negra melena caen gotas de lluvia mientras su figura se enmara\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ****<\/p>\n\n\n\n<p>Yelena y Amando se conocieron una soleada ma\u00f1ana que el destino los junt\u00f3 en la puerta de la cueva del Patriarca. Era primavera, los geranios explotaban en la fachada adornados por los platos de&nbsp; cobre reci\u00e9n abrillantados. La joven se acerc\u00f3 a mirarlos mientras Amando, sentado en un muro, desde lejos la contemplaba. Ella al notarse observada volvi\u00f3 la cabeza y se encontr\u00f3 con una mirada t\u00edmida y oscura, una mirada que lentamente y con delicadeza, la desnudaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde ese d\u00eda, Yelena y Amando, que viv\u00edan muy cerca tan solo separados por una cuesta,, comenzaron a vivir un amor secreto y clandestino. Robaban minutos al d\u00eda para saborear sus cuerpos, encuentros furtivos tan apasionados que el roce de sus pieles &nbsp;produc\u00eda una incontenible corriente de sexo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la vida continuaba y en el burdel demandaban cada vez m\u00e1s a Yelena. Ella follaba, cobraba y se lavaba as\u00ed una y otra vez, un ritual que repet\u00eda&nbsp; durante la noche y durante el d\u00eda. Amando hab\u00eda conseguido que le subieran el sueldo en el anticuario donde trabajaba, era un sueldo muy decente para que Yelena se retirara. Tras pagar sus deudas y sin una peseta, ella abandon\u00f3 el burdel.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana, que las chumberas estaban heladas, la pareja emprendi\u00f3 el camino al barrio con una vieja maleta atada con un cordel. Ambos andaban cabizbajos y en silencio, la idea de un rechazo volaba sobre sus cabezas. Algunos vecinos, a su paso, los miraban de soslayo y con recelo. La madre de Amando estaba a la entrada de la cueva, al divisarlos entendi\u00f3 el motivo del cambio en el car\u00e1cter de su hijo. Desde hac\u00eda tiempo, el joven estaba m\u00e1s alegre y sus lamentos eran solo un recuerdo. Ten\u00eda una brillante mirada y hasta participaba en las zambras, re\u00eda, daba palmas y cantaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Yelena, tras esos primeros recelos, se integr\u00f3 en la vida cotidiana. Mientras Amando bajaba a la ciudad a trabajar en el anticuario, ella colaboraba con los quehaceres de las mujeres. Lo hac\u00eda con agrado y disposici\u00f3n, cosa que contribuy\u00f3 a que la aceptaran como una m\u00e1s pese a no ser de raza gitana.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco, y sin arte alguno, aprendi\u00f3 los palos de la m\u00fasica y la danza; y poco a poco se anim\u00f3 a participar en las reuniones festivas del barrio. Amando, la observaba feliz. Poco a poco, el tiempo pasaba.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Yelena se qued\u00f3 embarazada. No fue un embarazo sosegado, los problemas de hipertensi\u00f3n y continuas p\u00e9rdidas de sangre, hicieron que Yelena viviera unos meses de preocupaci\u00f3n pese a los cuidados de la madre de Amando durante su reposo obligatorio. El joven se volvi\u00f3 taciturno y apesadumbrado, tal era su estado de \u00e1nimo que al caminar lo hac\u00eda achepado. Una noche, que las chumberas estaban heladas, Yelena se puso de parto. Tras largas horas de dolores, sudores y llantos, la ni\u00f1a naci\u00f3 ba\u00f1ada en una incontrolable hemorragia de sangre que acab\u00f3 con la vida de su madre. En ese instante el tiempo se quebr\u00f3 para Amando.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ****<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Naci\u00f3 sin llanto, con la piel canela, los ojos muy abiertos y una espesa melena negra. Por expreso deseo de su padre, le pusieron de nombre Yelena. Se cri\u00f3 a las faldas de su abuela mientras su padre arrastraba una inmensa tristeza. Se cri\u00f3 entre buler\u00edas, sole\u00e1s y fandangos. Desde sus primeros a\u00f1os mostr\u00f3 unas cualidades extraordinarias para el baile. Siendo ni\u00f1a comenz\u00f3 a actuar en tablaos flamencos acompa\u00f1ada por su abuela que la proteg\u00eda y custodiaba como a su mejor joya. Amando se volvi\u00f3 cabizbajo, despegado y ausente. El hecho de que su hija bailara lo sumerg\u00eda en tal pesadumbre que no consent\u00eda ni en verla. Le dol\u00eda la alegr\u00eda que su hija derrochaba.<\/p>\n\n\n\n<p>La ni\u00f1a se mov\u00eda de tal manera, que sus brazos, sus manos y sus piernas se enredaban como una madeja. Era tan alegre que al hablar, cantaba, y al caminar, danzaba. Un d\u00eda el Patriarca sentenci\u00f3: \u201cEsta ni\u00f1a parece una mara\u00f1a\u201d. Y con ese nombre se qued\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ****<\/p>\n\n\n\n<p>El teatro retumba con las palmas y los v\u00edtores del p\u00fablico exaltado que, puesto en pie, venera a una joven reina de la danza flamenca.<\/p>\n\n\n\n<p>Yelena, hace una reverencia y dirige la mirada a la primera fila de sillas. Sentado, entre emocionados llantos, est\u00e1 Amando. Junto a \u00e9l hay un asiento vac\u00edo en el que descansa un ramo de &nbsp;rosas blancas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A\u00fan no ha ca\u00eddo del todo la tarde, una tarde calurosa del mes de agosto. Los m\u00e1s rezagados apuran sus bebidas al fondo de los jardines y se despiden de las vistas de la ciudad. 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