{"id":2003,"date":"2022-08-01T13:00:20","date_gmt":"2022-08-01T13:00:20","guid":{"rendered":"https:\/\/escueladescritura.com\/?p=2003"},"modified":"2022-08-01T13:04:27","modified_gmt":"2022-08-01T13:04:27","slug":"mi-paseo-por-el-puente-de-piedraisabel-pomares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/2022\/08\/01\/mi-paseo-por-el-puente-de-piedraisabel-pomares\/","title":{"rendered":"Mi paseo por el Puente de Piedra<br>Isabel Pomares"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"886\" height=\"659\" data-src=\"https:\/\/escueladescritura.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/foto-punete.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2004 lazyload\" data-srcset=\"https:\/\/escueladescritura.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/foto-punete.jpg 886w, https:\/\/escueladescritura.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/foto-punete-300x223.jpg 300w, https:\/\/escueladescritura.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/foto-punete-768x571.jpg 768w\" data-sizes=\"(max-width: 886px) 100vw, 886px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 886px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 886\/659;\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Todos los meses hac\u00edamos el mismo recorrido, sal\u00edamos de casa con una bolsa de tela, de esas de toda la vida, \u00a0y dentro llev\u00e1bamos una o dos revistas ya muy rele\u00eddas. Mi madre y yo sol\u00edamos cambiarlas por otras nuevas a cambio de entregar al estanquero una peseta, as\u00ed ya ten\u00edamos \u201crevistas nuevas\u201d. Era la costumbre de aquellos tiempos en mi querida ciudad de Las Palmas. Igual que lo de entregar los cascos vac\u00edos de la leche en la tienda que estaba situada debajo de nuestra casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo era muy peque\u00f1a, apenas contaba con unos seis o siete a\u00f1os, cuando mi madre me dec\u00eda: \u201cvamos a por revistas\u201d, y poniendo un gran lazo en mis largas trenzas sal\u00edamos directas a la calle. Y yo contenta por salir de paseo de la mano de ella. \u00a1Qu\u00e9 alta y guapa la ve\u00eda! Claro, es que yo era muy peque\u00f1ita. Para llegar al estanco ten\u00edamos que coger el n\u00famero 9 de la guagua (autob\u00fas), el que iba a Vegueta, la zona antigua de la ciudad. \u00a1Cu\u00e1nta historia se concentraba por aquellas callejuelas de empedrado canario! Cuando pon\u00edamos pie en la acera yo me apresuraba a coger la mano de mi madre y ella la sujetaba suavemente, qu\u00e9 gusto sentir su calorcito entre mis dedos.<\/p>\n\n\n\n<p>Recorr\u00edamos unas pocas calles llenas de palmeras muy altas, o eso me parec\u00eda a m\u00ed. Al rato, ya nos encontr\u00e1bamos cruzando el popular Puente de Piedra, por debajo habitaba el viejo Barranco de Guiniguada, que casi siempre llevaba algo de agua por las lluvias de oto\u00f1o y primavera. Eran las estaciones en que m\u00e1s llov\u00eda en las islas.<\/p>\n\n\n\n<p>Me gustaba pararme a mitad del puente y por los barrotes de la barandilla observar ese hilo de agua que corr\u00eda en pendiente hasta llegar a desembocar en la zona del Castillo de Santa Catalina. Por cierto, castillo fundado por antiguos mallorquines llegados a las islas, all\u00e1 por el a\u00f1o 1380 aproximadamente.&nbsp; <strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pero no quiero desviarme del relato sobre mi querido Puente de Piedra, ese que tantas veces cruc\u00e9 de la mano de mam\u00e1 o de pap\u00e1. El paseo significaba que, a la vuelta a casa, mam\u00e1 me compraba un dulce (pastel). Y yo tan contenta. Impaciente, esperaba al mes siguiente para pasar por el puente y cambiar las revistas ya le\u00eddas. Yo no las entend\u00eda muy bien, ve\u00eda fotos de mucha gente en las p\u00e1ginas, a esa edad ya le\u00eda de forma bastante suelta, pero esas noticias no eran cuentos, que eran lo que m\u00e1s me gustaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Y fui creciendo, y segu\u00eda cruzando mi querido puente, ya fuera con amigas del instituto o con mi madre. Siempre ah\u00ed, piedra de anta\u00f1o, dura y gris, que observaba a todo caminante, con la huella de cientos de historias que all\u00ed sucedieron. Y es que las islas fueron invadidas por muchos pueblos, ya fueran de \u00c1frica como del continente llamado Europa. As\u00ed se fue conformando la poblaci\u00f3n, se construyeron edificios, iglesias, conventos, peque\u00f1as haciendas o casas de campo de ilustres ricachones.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lleg\u00f3 un d\u00eda, y desapareci\u00f3 mi querido puente, ese que tantos&nbsp; recuerdos me hizo disfrutar. Y unas grandes m\u00e1quinas, de brazos gigantescos empezaron a excavar todo el barranco. Cada piedra del puente fue saliendo de su sitio con lentitud y nostalgia. Se iban las historias de cientos de a\u00f1os canarios. De personajes y caminantes curiosos, humildes y llenos de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Los gobernantes hab\u00edan planificado hacer una gran autov\u00eda para llegar m\u00e1s f\u00e1cilmente a los alrededores y pueblos del centro de la isla. Un d\u00eda se termin\u00f3 la obra, y fue inaugurada por las autoridades locales. Ese acontecimiento tan importante para la ciudad lleg\u00f3 a salir en casi todos los peri\u00f3dicos de todas las islas. El paisaje era diferente, novedoso, quiz\u00e1s llamativo, pues se hab\u00edan colocado muchos sem\u00e1foros, pasos de cebra, rotondas con las l\u00edneas en blanco sobre el negro asfalto, paneles en lo alto de unos postes indicadores de calles y pueblos. Claro que fue todo un acontecimiento la creaci\u00f3n de aquella autov\u00eda puesto que facilit\u00f3 mucho la conducci\u00f3n, siendo m\u00e1s r\u00e1pido y f\u00e1cil llegar al destino indicado por la hilera de tantos postes informativos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi querido Puente de Piedra se hab\u00eda ido para siempre, ya no podr\u00eda asomarme a su barandilla y so\u00f1ar por un momento la historia antigua. Ya no podr\u00eda observar el agua que bajaba de las monta\u00f1as, ni tampoco los patos y otras aves que viv\u00edan en las m\u00e1rgenes del barranco. La imagen rancia y vieja&nbsp; del puente y alrededores solo qued\u00f3 plasmada en postales para turistas o coleccionistas. Todo se hab\u00eda ido transformando sin yo quererlo y crec\u00eda a velocidad inimaginable. La modernidad se impon\u00eda con fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo haber perdido algo de mi historia infantil y adolescente, pero hay otra que se queda grabada para siempre en un cajoncito de mi sesera, y que duerme pl\u00e1cidamente. Simplemente hoy decid\u00ed sacarla a pasear bajo un sol tibio de oto\u00f1o y con algunas nubes, esas que nos regalan los queridos y h\u00famedos alisios.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Posdata<\/strong>: Ya no existes, Puente de Piedra ni Barranco de Guiniguada. Ahora es todo de color negro asfalto, con se\u00f1ales que nos indican por d\u00f3nde caminar para encontrar la esencia de lo a\u00f1ejo, aquella que qued\u00f3 sepultada para siempre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos los meses hac\u00edamos el mismo recorrido, sal\u00edamos de casa con una bolsa de tela, de esas de toda la vida, \u00a0y dentro llev\u00e1bamos una o dos revistas ya muy rele\u00eddas. 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