{"id":2026,"date":"2022-08-02T20:10:03","date_gmt":"2022-08-02T20:10:03","guid":{"rendered":"https:\/\/escueladescritura.com\/?p=2026"},"modified":"2022-08-30T17:44:13","modified_gmt":"2022-08-30T17:44:13","slug":"el-dia-que-mate-a-albertomariola-fernandez-cantarero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/2022\/08\/02\/el-dia-que-mate-a-albertomariola-fernandez-cantarero\/","title":{"rendered":"El d\u00eda que mat\u00e9 a Alberto<br> Mariola Fern\u00e1ndez Cantarero"},"content":{"rendered":"\n<p>El d\u00eda veinte de enero de 2003 mat\u00e9 a un ni\u00f1o de siete a\u00f1os. Es la primera vez que escribo sobre lo que ocurri\u00f3 aquel lunes a escasos metros de la puerta de un colegio. Fui a dejar mi curr\u00edculum para optar a una plaza de docente de la que una amiga me hab\u00eda hablado. Me sent\u00eda feliz. Ten\u00eda veinticuatro a\u00f1os y acababa de terminar el grado superior en el conservatorio de m\u00fasica. Formaba parte de una banda de viento y tocaba el oboe \u201ccon los dedos del coraz\u00f3n\u201d, seg\u00fan dec\u00eda mi profesor de interpretaci\u00f3n, que siempre me auguraba un futuro cuajado de \u00e9xitos y reconocimientos. Hab\u00eda decidido buscar trabajo y ahorrar algo de dinero para irme al extranjero en busca de oportunidades, y pens\u00e9 que pod\u00eda estar bien aquella plaza de profesor de m\u00fasica para secundaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Me gust\u00f3 el colegio y tambi\u00e9n su director. Mientras sal\u00eda de all\u00ed, una sensaci\u00f3n de que algo iba a cambiar en mi vida me invadi\u00f3 de repente. Sonre\u00ed al pensar en la posibilidad de que me llamaran para esa plaza y me imagin\u00e9 tocando el oboe delante de los chicos \u00bfpor qu\u00e9 no?<\/p>\n\n\n\n<p>Eran casi las dos de la tarde. La puerta del colegio se hab\u00eda convertido en un hervidero de padres y madres que esperaban a sus hijos. Los coches en doble fila ocupaban pr\u00e1cticamente uno de los carriles de la calle y los ni\u00f1os sal\u00edan apresurados buscando con la mirada al padre o a la madre, para salir cuanto antes de all\u00ed. Tuve que esperar unos minutos para poder sacar mi Smart rojo, atrapado entre tanto coche, y cuando por fin pude dar marcha atr\u00e1s, me pareci\u00f3 ver un ni\u00f1o que se agachaba a coger algo del suelo y fren\u00e9 en seco. O eso cre\u00ed. Pero me equivoqu\u00e9 de pedal y atropell\u00e9 a Alberto, el ni\u00f1o que lleva casi veinte a\u00f1os viviendo en mi pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Escuch\u00e9 el golpe de su cuerpo contra el coche, escuch\u00e9 los gritos horrorizados de la gente, escuch\u00e9 mi propia voz rogando que estuviese vivo y sal\u00ed a buscarle. La angustia y el miedo se apoderaron de m\u00ed. Vi al ni\u00f1o tirado en el suelo y a varias personas intentando reanimarle, y durante unos momentos no s\u00e9 bien lo que ocurri\u00f3. El miedo de saber que hab\u00eda hecho algo terrible me paraliz\u00f3. Me qued\u00e9 de pie contemplando la escena, mirando a las personas que trataban de ayudar al peque\u00f1o, sin poder reaccionar ni articular palabra alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio del ruido y la confusi\u00f3n, vi que un hombre corr\u00eda y se abr\u00eda paso entre la gente hasta alcanzar el cuerpo del ni\u00f1o, que segu\u00eda inm\u00f3vil en el suelo. Le vi tambalearse y gritar su nombre, le vi arrodillarse a su lado y ordenarle entre gemidos que volviera a respirar, le vi romperse de dolor. Cuando aquel hombre sostuvo la cabeza de su hijo entre sus manos para besarle y repetirle al o\u00eddo lo mucho que le amaba, fui capaz por un instante de salir del sopor de terror que me invad\u00eda y pude reconocer en \u00e9l al director del colegio que acababa de atenderme. Y el cuchillo afilado de la angustia se hundi\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s en m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>En mi cabeza son\u00f3 una sirena de ambulancia, y en escasos minutos, vi como dos m\u00e9dicos le realizaban un masaje card\u00edaco al ni\u00f1o, intentando reanimarle sin \u00e9xito. Entonces, temblando de miedo y de tristeza, como empujado por un resorte, encontr\u00e9 la manera de mover mis piernas y me acerqu\u00e9 al padre que miraba angustiado el cuerpo inerte de su hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHe sido yo, he sido yo\u2026\u201d repet\u00ed varias veces, y una oleada de llanto desconsolado me rompi\u00f3 delante de las miradas at\u00f3nitas de todos los que estaban all\u00ed, pendientes de que el ni\u00f1o diera la m\u00e1s m\u00ednima se\u00f1al de vida. La mirada del padre y la m\u00eda se encontraron. A menos de un metro de distancia, nuestros ojos se hundieron en el dolor del otro y lloraron el mismo dolor. Y nuestros brazos, no s\u00e9 c\u00f3mo, se buscaron y se sostuvieron naufragando en el mismo mar de amargura, mientras el coraz\u00f3n de Alberto, en el suelo, dejaba de latir para siempre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El d\u00eda veinte de enero de 2003 mat\u00e9 a un ni\u00f1o de siete a\u00f1os. Es la primera vez que escribo sobre lo que ocurri\u00f3 aquel lunes a escasos metros de la puerta de un colegio. 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