{"id":2048,"date":"2022-08-30T18:15:50","date_gmt":"2022-08-30T18:15:50","guid":{"rendered":"https:\/\/escueladescritura.com\/?p=2048"},"modified":"2022-08-30T18:15:52","modified_gmt":"2022-08-30T18:15:52","slug":"sieteynuevelolau","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/2022\/08\/30\/sieteynuevelolau\/","title":{"rendered":"Sieteynueve<br>Lolau"},"content":{"rendered":"\n<p>Cuando cursaba sexto de la EGB tuvimos que hacer una redacci\u00f3n sobre nuestro bien material m\u00e1s preciado, sobre nuestro mayor tesoro; teniendo en cuenta que faltaba mucho tiempo para el d\u00eda de Reyes y los juguetes del a\u00f1o anterior dorm\u00edan ya el sue\u00f1o de los justos, decid\u00ed elegir como mi objeto m\u00e1s preciado la casa donde nac\u00ed y me cri\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Por tener, ten\u00eda mi casa dos n\u00fameros: el 7 y el 9 y diecis\u00e9is metros de fachada, la m\u00e1s larga de la calle, tambi\u00e9n la m\u00e1s alta, la m\u00e1s grande, la m\u00e1s s\u00f3lida, la m\u00e1s antigua, la \u00fanica que ten\u00eda un hueco hu\u00e9rfano de escudo, pero hueco de escudo, al fin y al cabo. Me enorgullec\u00eda vivir all\u00ed rodeada de misteriosos recovecos que alentaban mi, ya de por s\u00ed, desbordante imaginaci\u00f3n y adem\u00e1s me otorgaba cierta importancia entre los ni\u00f1os de mi calle y las aleda\u00f1as&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Que la casa ten\u00eda solera, ya se sab\u00eda, pero hasta hace poco no supimos que se construy\u00f3 en el siglo XI y que siempre fue vivienda el n\u00famero siete y Torre vig\u00eda el n\u00famero nueve, pertenecientes ambas a la muralla \u00e1rabe que en su tiempo rode\u00f3 la que fuera entonces Villa. Se entienden entonces las m\u00faltiples reformas de las que fui testigo; unas veces era un tejado, otras un techo, otras se abr\u00eda una puerta, otras se cambiaba la cocina, otras se tapaba el aljibe, otras se cerraba un negocio y se abr\u00eda otro\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Solo el port\u00f3n de entrada ya impresionaba por su tama\u00f1o y por los herrajes con unos enormes clavos afiligranados. Nosotros us\u00e1bamos una puerta dentro del port\u00f3n que aun siendo m\u00e1s manejable era tan maciza que pod\u00edamos emplearla para balancearnos sobre sus resistentes goznes; para cerrarla por dentro ten\u00eda una aldaba enorme adem\u00e1s de una barra para atrancarla que solo mi padre era capaz de manejar.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez se traspasaba ese port\u00f3n, en el primer portal hab\u00eda puertas en las paredes laterales que daban acceso, por la izquierda a una Abacer\u00eda, por la derecha al Taller de un sastre, teniendo ambos negocios salidas propias a la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Avanzando, se atravesaba el segundo port\u00f3n y se acced\u00eda al segundo portal, del que arrancaba la escalera de estilo antequerano la cual giraba sobre s\u00ed misma alrededor de un patio interior y permit\u00eda acceder a las dos viviendas principales, la primera era \u201cel piso\u201d, donde viv\u00edamos nosotros y la segunda era \u201cel otro piso\u201d donde viv\u00eda otra familia en r\u00e9gimen de alquiler.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan hab\u00eda un tercer port\u00f3n, que daba paso a las habitaciones que mi abuela prestaba a unas primas que viv\u00edan en el campo (con el tiempo, mi padre acab\u00f3 colocando en ellas, jaulas para criar conejos) y a una cantina con bodega, donde en otros tiempos se serv\u00eda aguardiente en jarrillos de lata. Cruzando este port\u00f3n, a mano derecha quedaba el patio de cuatro columnas con un naranjo al lado de cada una, rosales enredados en celindos adornando los muros, m\u00e1s las aspidistras y los correquetepillo que la sabia mano de mi abuela colocaba entre las columnas y alrededor de la alberca. Al fondo de aquel patio estaba el arco que daba acceso a la F\u00e1brica de jab\u00f3n de mi abuelo, ya en desuso, que a su vez ten\u00eda salida a una calle diferente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl piso\u201d ten\u00eda demasiados metros cuadrados seg\u00fan mi madre, que se encargaba de la limpieza, y no tantos, seg\u00fan mi padre, que disfrutaba de sus amplias habitaciones; estaba lleno de antiguos muebles oscuros, recuerdo de a\u00f1os pasados de bonanza econ\u00f3mica, que daban un aire solemne a los dormitorios, la sala grande, el comedor e incluso la cocina.<\/p>\n\n\n\n<p>No quiero pasar por alto la espl\u00e9ndida azotea, llena siempre de s\u00e1banas blancas donde mi padre hab\u00eda subido una antigua ba\u00f1era de patas de garra de le\u00f3n que nos serv\u00eda de \u201cpiscina\u201d desde mayo hasta septiembre, y aquella buhardilla a la que no pod\u00edamos subir y que supon\u00edamos llena de secretos inconfesables.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se iba la luz, algo muy frecuente en aquellos a\u00f1os, mi madre nos contaba los secretos de la casa. De entre todos ellos, los que consigo recordar son: el del pasadizo subterr\u00e1neo oculto y de ubicaci\u00f3n desconocida que sal\u00eda del patio y llegaba hasta los s\u00f3tanos de la Iglesia de San Juan; el del armario del despacho de mi padre en la planta alta y que se comunicaba con la casa de al lado \u2015que fue de mi t\u00edo\u2015; el del ba\u00fal cerrado del desv\u00e1n lleno de ropas a\u00f1ejas due\u00f1as cada una de su propia historia; el del escondite secreto que hab\u00eda detr\u00e1s de un cuadro del cuarto de ba\u00f1o donde mi abuela escond\u00eda las cosas de valor cuando ven\u00edan, durante la guerra, a requisar bienes tanto los de un bando como los del otro.<\/p>\n\n\n\n<p>En las lluviosas tardes de invierno mi madre nos dejaba embadurnar el suelo con polvos de talco para que patin\u00e1ramos en calcetines desde una punta a la otra de la casa, apartando muebles, cortinas y dem\u00e1s estorbos hasta acabar hartos de resbalones, empujones y culetazos. Otro de nuestros entretenimientos favoritos, era jugar a los escondites de los fantasmas, envueltos en s\u00e1banas viejas, a la incierta luz de las farolas de la calle, recorriendo el laberinto de las habitaciones de doble entrada, meti\u00e9ndonos entre la ropa de los armarios o en los ba\u00fales, arrastr\u00e1ndonos bajo las camas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que mis abuelos murieron, que mis hermanos y yo crec\u00edamos, que mi padre prosperaba en los negocios, que se fueron yendo los vecinos, cada uno de nosotros fue tomando posesi\u00f3n de distintas partes de la casa; yo me instal\u00e9 en la Torre del \u201cotro piso\u201d por la que se sub\u00eda, usando una precaria escalera de palos, a una terraza desde la que dominaba todos los tejados y terrazas de las calles colindantes adem\u00e1s de los montes de aquella parte del pueblo; mi hermana se adue\u00f1\u00f3 de la abacer\u00eda, donde mi padre le puso el primer despacho de abogada de la comarca; y mi hermano se qued\u00f3 con la azotea, donde criaba palomas para vender, adem\u00e1s de un armario empotrado enorme, del \u201cotro piso\u201d donde coloc\u00f3 su complet\u00edsima biblioteca de c\u00f3mics.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace unos a\u00f1os se vendi\u00f3 la casa nueve. Yo llor\u00e9 mucho y sufr\u00ed cada una de las amputaciones que sufrieron los muros, los balcones, los arcos, las puertas, la escalera, el aljibe, el patio, el \u201cotro piso\u201d\u2026 Todo desapareci\u00f3 en monta\u00f1as informes de cascotes, hierros retorcidos, vigas rotas, m\u00e1rmoles destrozados y con cada cami\u00f3n que sal\u00eda cargado de siglos de historia aumentaba la desnudez y la fragilidad de la casa nueve, ahora con las verg\u00fcenzas al aire, desprovista de privacidad, expuesta a las miradas indiscretas de unos obreros que no la conoc\u00edan, meros ejecutores de su desgracia.<\/p>\n\n\n\n<p>No me caben aqu\u00ed todos los recuerdos de esa casa. Muchos de ellos andan envueltos en la bruma del para\u00edso perdido que fue mi infancia, hermosos y reconfortantes, pues hasta bordaba las pesadillas que me invad\u00edan de vez en cuando, con hilo de misterio para a\u00f1adirlas a mi \u00e1lbum particular. Ese \u00e1lbum particular est\u00e1 lleno de fotos en blanco y negro y tambi\u00e9n de color, de risas, de llantos, de peleas, de carreras, de desilusiones, de enfados, de desaf\u00edos, de proyectos, de ilusiones, de decepciones, de esperanzas, de despedidas \u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre supe que sus muros albergaban historias sin contar, que nos proteg\u00eda, que nos cuidaba, que nuestras vidas la rejuvenec\u00edan y la animaban a seguir en pie, a pesar de sus continuos achaques; que se aferraba a sus cimientos, inalterable a las humedades y a las ca\u00eddas de tejas o vigas, frenando los repetidos ataques de las termitas, polillas, cucarachas, ratas, ratones y dem\u00e1s fauna incordiante.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ah\u00ed sigue, en pie.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando cursaba sexto de la EGB tuvimos que hacer una redacci\u00f3n sobre nuestro bien material m\u00e1s preciado, sobre nuestro mayor tesoro; teniendo en cuenta que faltaba mucho tiempo para el d\u00eda de Reyes y los juguetes del a\u00f1o anterior dorm\u00edan &#8230; <\/p>\n<p class=\"read-more-container\"><a title=\"SieteynueveLolau\" class=\"read-more button\" href=\"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/2022\/08\/30\/sieteynuevelolau\/#more-2048\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre SieteynueveLolau\">Leer M\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[135],"tags":[],"class_list":["post-2048","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-revista-club-21-22","infinite-scroll-item","no-featured-image-padding"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2048","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2048"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2048\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2049,"href":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2048\/revisions\/2049"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2048"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2048"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/escueladescritura.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2048"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}